Las relaciones con los países vecinos atraviesan por un mal momento, y pueden empeorar. Cuando sus gobiernos pierden popularidad, endurecen su política con Chile; nos acosan. Es un clásico que hemos vivido por casi dos siglos. ¿Es que olvidamos la experiencia reciente, durante las presidencias de militares y de Toledo en Perú?
Alan García ha descendido rápidamente en las encuestas, y se le viene encima Fujimori; Evo Morales está entrampado por su Asamblea Constituyente; Kirchner ha sufrido dos derrotas recientes con la pérdida de sus candidatos en Neuquén y en Buenos Aires. No nos extrañemos de que Perú y Bolivia hayan iniciado una nueva ofensiva de reclamos territoriales ni de que Argentina profundice los cortes de gas natural y pretenda inmiscuirse en nuestras aguas, en las centrales del Río Baker en Aisén. Nos quieren sin gas y sin agua para perpetuar nuestra dependencia energética, y nosotros se lo hacemos fácil, al demorar la construcción de las plantas de gas de respaldo y resolver la construcción de las centrales hidroeléctricas en Aisén.
Es un error pretender que somos queridos por nuestros vecinos, o que por vínculos personales subordinarán sus intereses a los nuestros. Debemos realizar una diplomacia profesional. Empresarios, académicos, militares y políticos pueden contribuir, pero en ningún caso actuar en paralelo a la Cancillería. Aunque estén bien inspirados, no son profesionales de la diplomacia, sus visiones son parciales en este campo, y si no actúan discreta y coordinadamente con el servicio exterior, producen perturbación y hasta señales equívocas, como las de nuestro Primer Almirante navegando sin uniforme en el Titicaca, o Camilo Escalona garantizando que tendremos gas de Argentina. Hay que fortalecer a la Cancillería y no debilitarla cuando los tiempos son difíciles.
Los desencuentros con los vecinos nos pueden llevar a crearles falsas expectativas de arreglos territoriales, como parece insinuarse con Bolivia, o a reaccionar temerosos por una eventual recurrencia a la Corte de La Haya, como se sugiere por Perú, o a renunciar a reclamos internacionales, como lo hemos hecho con Argentina desde los primeros cortes de gas, hace ya casi cuatro años. Con políticas de apaciguamiento, seguiremos siendo "válvulas de ajuste", perderemos soberanía y no conseguiremos ser respetados.
Repetimos: el acoso vecinal no nos debe desanimar, ya lo conocemos. Tampoco nos debe llevar, por ningún motivo, a desarticular nuestra diplomacia y a desviarnos de nuestros derechos soberanos.
COMENTARIOS
La clave es la pérdida de la soberanía. Ese concepto ha sido reemplazado por la ideología. Por ella estan dispuestos a entregar territorio y ya lo han hecho hasta con misma legislación. En este momento, juridicamente nuestra NACION ESTA A EXTRANJERO DOMINIO SOMETIDA
Posteado por: Raúl Munizaga Neumann
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